Urban Landscape Constructions

Y ahora, ¿dónde me estaciono?

Por: Consejo editorial de ULC

La tan anhelada cultura ciclista está viendo la luz al ser el principal motor generador de una transformación radical en un gran porcentaje de ciudades de nuestro país. En efecto, vivamos donde vivamos estamos siendo testigo de que las ciclovías comienzan a multiplicarse por todos los rincones de nuestra localidad pero, ¿qué tan frecuentemente hemos sido testigo de que con esa misma velocidad se generen zonas de estacionamiento seguro para nuestros alternativos medios de transporte?
Así es, esta transformación, positiva por donde quiera que se le vea, nos lleva a una pregunta muy obvia, que quizá por lo mismo pocas veces se considera cuando se proyecta una ciclopista utilitaria: ¿dónde dejo mi bicicleta? Los estacionamientos para bicicletas son, en efecto, una respuesta práctica a un componente -la ciclopista- que ya empieza a formar parte de la infraestructura de nuestros asentamientos y el cual, en escasas ocasiones está siendo considerado en las recién estrenadas ciudades ciclistas a diferencia de lo que sucede en ciudades donde tienen una cultura ciclista ancestral, donde el biciestacionamiento forma parte incluso de los reglamentos de construcción con toda la obligatoriedad que esto supone.

Las soluciones que existen son diversas y van desde mobiliario urbano hasta los más sofisticados planteamientos arquitectónicos, todo diseñado ex profeso para garantizar el resguardo de las bicicletas, puesto que para muchos el simple hecho de no contar con un lugar seguro para dejar su velocípedo es motivo suficiente para no utilizarlo, aspecto profundamente negativo si lo que se pretende es incentivar la intermodalidad en el transporte.

Los soportes, por ejemplo, cumplen con la función básica de estacionar las bicicletas de manera ordenada en un espacio específicamente destino a ello. Constituyen el sistema más simple de biciestacionamiento, y proporciona un lugar para apoyar la bicicleta y asegurarla mediante cadena y candado. Su ventaja es que requiere de poco espacio comparado con otros sistemas pero no evita que las bicicletas estén expuestas a actos vandálicos.

Los ciclo-lockers, por el contrario, son más seguros puesto que ofrecen espacios individuales con acceso exclusivo al propietario, evitando de esta manera el robo de partes. Pueden ser horizontales o verticales, teniendo estos últimos la desventaja de tener que cargar la bicicleta para poder colgarla pero la ventaja de ocupar menos espacio.

Una alternativa intermedia entre el ciclo-locker y el hangar, es una especie de covacha de uso colectivo del tamaño de medio cajón de estacionamiento con la capacidad para albergar hasta seis bicicletas. Se utiliza principalmente en zonas de vivienda vertical y en particular en lugares donde no se cuenta con elevadores, de esta manera se evita la pesada faena de subir y bajar escaleras con la bicicleta a cuestas.

En lugares donde la afluencia es intensa y se requiere estacionar la bicicleta durante largos periodos de tiempo, se han desarrollado verdaderos edificios que, tal como sucede con los automóviles, tienen por objeto proporcionar un espacio seguro y vigilado para ellas, por esta razón normalmente las encontramos en la cercanía de estaciones intermodales – a no más de 500 m de distancia- y donde el riesgo de vandalismo es alto.

Un ejemplo de ello es el Mega-biciestacionamiento del Centro de Transferencia Modal (CETRAM) de Pantitlán en la Cd. de México fue inaugurado en 2014 y ha sido el primero en su tipo en México y Latinoamérica. Cuenta con tres pisos de estacionamiento para bicicletas con una capacidad para 416 bicicletas en 3,430 m² operando de manera gratuita mediante registro previo del usuario.
El diseño y la arquitectura asociados a la infraestructura ciclista se ha convertido en un verdadero género en sí mismo, siendo en algunos casos motivo de propuestas profundamente innovadoras que no sólo contribuyen a la ordenación del espacio urbano e incentivan el uso de la bicicleta, sino que son capaces de trascender como verdaderos íconos de una ciudad. De esa manera nació el Fietsappel en Alphen aan den Rijn, un biciestacionamiento de la inspiración del arquitecto holandés Wytze Patijn y que en la actualidad constituye un elemento de identidad en el paisaje urbano de esa ciudad holandesa.
Así pues, los biciestacionamientos son la respuesta a una pregunta pocas veces formulada pero que sin duda alguna en breve deberán formar parte de nuestro catálogo de usos urbanos en el contexto local.