Urban Landscape Constructions

Vitalidad en la planeación segura: los antecedentes

Por: M. En Arq. Romy Rojas Garrido

En nuestra colaboración previa mencionamos a la vitalidad como uno de los principios básicos que una ciudad segura debe incorporar con base en lo que establece el Comité Europeo de Normalización y que bien pueden ser aplicados a nuestras ciudades en Latinoamérica.

La vitalidad, entendida desde el punto de vista urbano, significa hacer uso intensivo de la ciudad y con esto nos referimos a transitar sus espacios, a relacionarnos con nuestro entorno y a generar actividad diversa que promueva el flujo de personas y mercancías que inyecten en una zona determinada esa fuerza motora que mantenga el barrio, la colonia y por consecuencia la ciudad en su totalidad como un ente vivo y palpitante.

Para entender el peligro al que se enfrentan los centros urbanos actuales en términos de su vitalidad y por consecuencia de la seguridad que va aparejada con ésta, debemos hablar necesariamente del fenómeno de la suburbanización, que es la propagación de enclaves urbanos hacia los márgenes de la ciudad, lo cual genera el crecimiento gradual de la misma invadiendo lo que antes fueran áreas rurales.

El fenómeno de la suburbanización se entiende muy claramente si analizamos el caso de algunas ciudades de los Estados Unidos de América durante los años de la posguerra. Durante el periodo previo al final de la Segunda Guerra Mundial, la mano de obra rural que la ciudad había atraído para la industria militar empezó a ejercer presión sobre la misma, la cual no representaba ya más aquél entorno civilizado, nicho cultural, seguro y limpio que en antaño fuera, por el contrario, había una gran demanda de vivienda, una fuerte contaminación y una calidad de vida que se deterioraba gradualmente.

Una vez terminada la guerra y como consecuencia del boom económico posterior conocido como La Edad de Oro del Capitalismo, hubo un crecimiento socioeconómico ascendente que permitió que muchas familias de ingresos medios buscaran en los suburbios la respuesta a su demanda de vivienda, pues era allí donde podían encontrar precios más accesibles, cargas tributarias menos onerosas y una mejor calidad de vida para sus integrantes. Esto, aunado al hecho de que gracias a la bonanza económica la adquisición de uno o dos autos por familia era posible, lo que empezó como un ligero éxodo hacia las afueras de la ciudad, en breve se convirtió en una migración masiva que empezó a afectar la vitalidad de los centros urbanos.

El automóvil representó el medio que hizo posible la suburbanización de las ciudades. Los precios más accesibles del transporte privado favorecieron la dispersión de las mismas y con ello una transformación de su estructura, por un lado relegando el uso habitacional pues ya no había demanda de vivienda, enfocándose al comercio, la manufactura y los servicios y por el otro abriendo avenidas

cada vez más anchas para dar cabida a un flujo mayor de automóviles, pues aún los centros de trabajo se encontraban en la ciudad.

Evidentemente la migración hacia los suburbios trajo consigo la demanda de servicios y comercios que le dieran soporte, por lo que estos géneros se trasladaron igualmente hacia las afueras de la ciudad abandonado también el centro urbano – dicho sea de paso, éste fue el origen de los centros comerciales.

Así fue como la diversidad de usos de suelo que enriquecía la ciudad fue perdiéndose. Si bien aún habían zonas residenciales, éstas fueron polarizándose cada vez más al grado que en el centro de la ciudad vivían únicamente los sectores de la población de ingresos más altos o bien los que por sus condiciones económicas no pudieron permitirse emigrar hacia los suburbios, pero a diferencia de lo que sucedía antes, ahora la convivencia entre los diferentes sectores socioeconómicos de la población se perdió, puesto que la nueva traza urbana con la inclusión de grandes avenidas, hizo imposible que ambos grupos compartieran los mismos equipamientos urbanos, escuelas, bibliotecas, etc. con lo que la diferenciación de grupos sociales se intensificó y con ello los problemas de seguridad.

Vemos pues como el fenómeno de la suburbanización significó libertad y una mejora en la calidad de vida para algunos pero a la vez tuvo como consecuencia el deterioro gradual de las ciudades. El hecho de no contar ya con la diversidad de equipamiento necesaria para generar actividad constante durante las 24 horas sumado al efecto de la polarización de los diferentes sectores socioeconómicos de la población, provocó centros urbanos desiertos, abandonados y deteriorados y con ello la multiplicación de los problemas de seguridad pues, como ya hemos puntualizado con anterioridad, es tan importante lo seguro que sea un sitio como la percepción de seguridad que infunda el mismo.

 

Lectura recomendada:

* Schoenauer, Norbert. Cities, Suburbs, Dwellings in the Postwar Era. Montreal: School of Architecture, McGill University, 1994.