Urban Landscape Constructions

VITALIDAD EN LA PLANEACION SEGURA: DETROIT, EL OCASO DE UNA CIUDAD

Por: Consejo Editorial de ULC

El fenómeno de la suburbanización, que afecta gravemente a la vitalidad de los centros urbanos, se ejemplifica de manera muy clara en la ciudad de Detroit, que pasó de ser una de las cinco ciudades más importantes de los Estados Unidos de Norteamérica a una ciudad profundamente afectada por una crisis de grandes dimensiones.

Detroit es una ciudad que en 1950 llegó a contar con 1.85 millones de habitantes y fue durante décadas el símbolo más representativo de la industria automovilística de Estados Unidos. En la actualidad es una entidad que se encuentra en bancarrota y encabeza por cuarto año consecutivo la lista de ciudades más violentas de los Estados Unidos de América. Pero ¿qué fue lo que sucedió para que Detroit llegara a esta situación?

Existen diversos puntos de vista, pero todos ellos coinciden en tres situaciones clave que propiciaron la decadencia de la ciudad. En primer lugar el hecho de que haya basado su economía enteramente en un solo tipo de industria, factor que contribuyó a la migración de los habitantes de la ciudad hacia los suburbios, segunda causa de su decadencia y finalmente los problemas raciales nunca resueltos, la desigualdad social así como la falta de empleo y oportunidades para algunos sectores de la población. Dichas situaciones se enlazaron como una maquinaria perfecta para dar como resultado la situación que actualmente se vive en esa ciudad.

El auge de Detroit sobrevino gracias a la expansión de la industria automotriz y ésta se convirtió en el motor económico de la misma. La estructura tanto física como social de la ciudad estaba determinada por ella y en un principio ésta se estableció dentro de los límites de la ciudad. Sin embargo, debido a las constantes huelgas de negros y blancos que se negaban a trabajar codo con codo, la industria comenzó a abrir fábricas en los suburbios albergando grupos étnicos específicos. Ésta es la razón por la que muchos autores sostienen que el origen de la crisis de Detroit está en los problemas raciales, pues al no presentarse la oportunidad de interrelacionarse, las diferencias entre los diversos grupos raciales nunca se resolvieron.

Lo cierto es que al enviar las fábricas a los suburbios, las fuentes de empleo se fueron con ellas y con ambas la vitalidad del centro de la ciudad, pues la gente demanda servicios en el lugar donde vive. El trabajo fue el elemento que acabó por acelerar la migración de la gente hacia los suburbios, pues tras una serie de eventos como la automatización de los procesos productivos, la crisis energética de los 70´s, la recesión económica de los 80´s y finalmente la incursión de automóviles japoneses más económicos y eficientes, las fuentes de empleo en Detroit se agotaron.

A menor cantidad de gente pagando impuestos, menos dinero para mantener los servicios de la ciudad. En Detroit en la actualidad viven 700,000 personas, menos de la mitad de las que vivían hace 40 años; existen 78 mil edificios abandonados y 38 mil en ruinas; un 40% del alumbrado público no funciona; la tasa de desempleo es del 19%; el 36% de la población vive por debajo de los niveles de pobreza y el tiempo de respuesta de la policía es de 58 minutos cuando la media nacional está en 11. Con estas cifras no es de sorprender que Detroit sea considerada la ciudad más violenta y la que cuenta con mayor número de homicidios en toda la unión americana.

La realidad que enfrenta Detroit es ejemplo de lo que una crisis en diversos ámbitos puede llegar a ocasionar y de las repercusiones que cierta toma de decisiones relacionadas con la estructura urbana pueden tener en la vitalidad de una ciudad. De acuerdo con Paul Krugman en un artículo publicado en el New York Times en julio de 2013 “el desastre de Detroit no únicamente se debe a una decadencia industrial sino a una decadencia urbana, que no es la misma cosa…la expansión mató a Detroit privándola de la clase de ambiente que pudo haber incubado nuevas formas de prosperidad.”

“Aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla”

Napoleón Bonaparte