Urban Landscape Constructions

VIGILANCIA ESPONTÁNEA EN LA PLANEACION SEGURA

Por: Consejo Editorial de ULC

La vigilancia espontánea es uno más de los principios básicos que el Comité Europeo de Normalización identifica como elemento fundamental en la creación de ciudades más seguras. Este concepto surgió en primer lugar con Jane Jacobs, a quien ya hemos citado con anterioridad, cuando habló del “ojo en la calle” y posteriormente con Oscar Newman con su “Espacio Defendible” donde abogaba por la teoría de que la vigilancia natural o espontánea se logra cuando los habitantes de una ciudad determinada también son aquellos quienes garantizan su propia seguridad.

Efectivamente, la vigilancia espontánea se genera cuando los habitantes de un barrio o colonia participan activamente y sin estar conscientes de ello, incrementan la seguridad de su ámbito de acción, lo cual está ligado intrínsecamente a la generación de actividad y refuerza la importancia de la vitalidad, concepto del que ya hemos hablado ampliamente. Vitalidad y vigilancia espontánea están íntimamente relacionadas y son directamente proporcionales; a mayor vitalidad en un emplazamiento, mayor vigilancia y por consecuencia mayor seguridad en el mismo.

Retomando brevemente lo dicho con anterioridad respecto a la vitalidad y ligándolo con la vigilancia espontánea podemos decir que esta última se da como consecuencia de ciertos elementos en los que el diseño y la planeación urbana tienen un aporte significativo. En primer lugar, la convivencia de una mezcla variada pero compatible de usos de suelo diversos genera movimiento constante de peatones y vehículos a lo largo de todo día, esto incrementa la seguridad o la percepción de seguridad en un emplazamiento pues aumenta proporcionalmente el número de ojos que son testigos de lo que acontece.

En segundo lugar, una organización espacial que fomente la socialización y proximidad de los diversos grupos sociales y que contribuya a evitar los sentimientos de aislamiento y segregación que tanto afectan a la seguridad es de suma importancia. Al atraer diversos grupos económicos y personas de distinto rango de edad con diferentes hábitos y horarios, también se potencia una variedad de patrones de movimiento, incrementando en consecuencia la vitalidad y paralelamente la vigilancia de la zona.

La compactación de la ciudad favorece también a la vigilancia espontánea, pues en un espacio más acotado se concentra un mayor número de habitantes, quienes con su ir y venir se convierten en guardianes del orden no intencionales y en observadores naturales.

Por último, un elemento clave, motivo de nuestra próxima colaboración, es alentar la propagación de una traza urbana ininterrumpida que permita flujos continuos tanto de personas como vehículos pues con ello se evitan quiebres y recovecos donde es sencillo ocultarse y cometer delitos. Lo anterior aunado a una buena iluminación y una accesibilidad adecuada genera una buena conectividad con el resto de la ciudad evitando así la segregación social y la generación de enclaves aislados susceptibles de concentrar problemáticas sociales.

Evidentemente, todas estas estrategias en la planeación urbana se deben acompañar de una acertada política de seguridad pública y social, pero la experiencia apunta a que ciertos patrones urbanos contribuyen a la seguridad puesto que generan calidad urbana y un entorno capaz de resistir a los actos delincuenciales, es por ello que la toma de decisiones de medidas que impacten directa o indirectamente en la estructura y conformación de la ciudad, deben analizarse detenidamente en términos de la vitalidad puesto que de ello depende la participación inconsciente de sus habitantes en velar por su propia seguridad.