Urban Landscape Constructions

TÁCTICAS PARA LA GENERACIÓN DE CIUDADES MÁS SEGURAS. Parte I

Por: Consejo Editorial de ULC

Los artículos precedentes tuvieron la intención de profundizar sobre las razones por las cuales el diseño y la planeación urbana tienen un fuerte impacto en la creación de ciudades seguras. En esta ocasión, quisiéramos reforzar las ideas expuestas con anterioridad en un compendio práctico sobre las estrategias que tanto la planeación como el diseño urbano pueden, y debieran, aplicar con el importante objetivo de generar ciudades más seguras.

Estrategias en Relación con la Planeación Urbana

Es muy importante que las propuestas a nivel de planeación urbana consideren las estructuras existentes, tanto físicas como sociales. Cualquier intervención afecta el equilibrio de un entorno urbano y puede provocar su rechazo por parte de la sociedad. De ahí que sea vital considerar las redes sociales imperantes ya que la propuesta debe fomentar la convivencia e interacción social, de lo contrario el riesgo de que se generen actos vandálicos en ese entorno se incrementa considerablemente.

Es importante tomar en cuenta el sentir de la sociedad y sus necesidades pues de ello depende la vitalidad que se genere, pues tal como lo vimos con anterioridad, éste es probablemente el componente más importante en la creación de ciudades seguras.

Otro aspecto fundamental a considerar es la situación de inseguridad que prevalece en el entorno adyacente a nuestro proyecto, pues con éste se podría atraer un flujo de personas provenientes de zonas marginales que pueden potenciar los problemas de inseguridad que se viven en la zona.

Incorporar los criterios de accesibilidad a nivel urbano resulta indispensable. El proyecto se debe integrar al entorno existente con el objeto de evitar discontinuidades y fracturas en el tejido urbano. Con ello se desalienta la aparición de enclaves donde sea sencillo que surja la delincuencia al restringir la continuidad tanto visual como operativa. De ahí la importancia de evitar fraccionamientos cerrados que se aíslen del entorno y no vean hacia afuera, esta solución es altamente nociva en términos de seguridad pues desalienta la vitalidad al crear barreras en el flujo urbano.

Asimismo, un flujo adecuado y constante tanto de personas como de vehículos fomenta la vigilancia espontánea. Por ello es responsabilidad del urbanista y los actores relacionados con el hacer ciudad, el proveer de buenas rutas de acceso para el transporte público y evitar calles exclusivamente peatonales a menos de que la actividad sobre esa calle sea tal que garantice el flujo de personas todos los días y a todas horas. En relación con lo anterior recordemos que una adecuada mezcla de usos de suelo garantiza la vitalidad. Existen usos de suelo con un alto potencial generador de vitalidad, como lo son universidades, centros comerciales, hoteles, hospitales, etc. a diferencia de bloques de oficinas y oficinas gubernamentales que generan vitalidad durante un periodo de tiempo muy acotado tras el cual pueden provocar zonas de la ciudad verdaderamente desiertas.

En contraposición, si bien los usos mixtos favorecen la vitalidad, también pueden ser fuentes generadoras de conflicto. De ahí que deben ser cuidadosamente analizados en términos de su compatibilidad. Por ejemplo, un antro en una zona residencial va a garantizar vitalidad en la zona, pero también conflicto con los vecinos debido al ruido y tránsito constante.

Otro potenciador de la vitalidad es la densificación. Si bien existe una correlación entre una alta densidad de ocupación y la vitalidad, la primera no debe ser tan intensa que provoque conflictos por el espacio o tan baja que redunde en la ausencia de personas y actividad en las calles. En áreas donde la densidad poblacional sea alta, se debe considerar con particular atención la dotación de espacios públicos y servicios, puesto esto puede ser motivo de conflicto entre sus habitantes y por ende puede llegar a afectar los niveles de delincuencia e inseguridad existentes en la zona.

Como vemos una vez más, la vitalidad es un objetivo clave a perseguir cuando de hacer ciudades seguras se trata. De ella derivan un gran número de elementos que son generadores de seguridad. Evidentemente se deben acompañar de un profundo análisis del contexto físico y poblacional e ir de la mano de programas sociales que promuevan el respeto, la integración, la aceptación e inclusión de grupos sociales nuevos y/o diversos, pero un gran avance se tiene si el terreno sobre el que se trabaja es adecuado, y en ello la planeación urbana tiene mucho que aportar.