Urban Landscape Constructions

Singapur, el Tigre Urbano

Por: Consejo Editorial de ULC

Singapur, una pequeña ciudad-estado de 700 km² de superficie en el corazón del sudeste asiático que a falta de un territorio más amplio le ha ido ganando terreno al mar, alcanzó su independencia hace poco más de 50 años. A partir de entonces y gracias a la visión innovadora del responsable de su transformación, Lee Kuan Yew , Singapur ocupa hoy en día una posición de liderazgo en ámbitos como la economía, educación y salud, colocándose en el contexto mundial como una de las principales ciudades globales y centro neurálgico de comercio mundial.

La metamorfosis de este “tigre asiático” no ha sido fortuita. Una política económica que facilita la apertura y desarrollo de empresas, unos principios de gobierno basados en la meritocracia y la integración multirracial, y una férrea protección a la propiedad intelectual, la seguridad jurídica y la no tolerancia a la corrupción, entre otras, han posibilitado esta transformación.
Todo este proyecto de nación sin duda ha permeado el ámbito de lo urbano. Lee Kuan Yew, quien fuera la cabeza de gobierno por más de tres décadas, decía que una buena ciudad debe ser limpia, proporcionar una sensación de seguridad y amplitud, favorecer la movilidad y la conectividad pero sobre todo, generar sentido de equidad, donde todos su habitantes se sientan dueños de una porción de ella.
Y más allá del discurso, en Singapur sí que lo han conseguido. La también conocida como “ciudad jardín” de Asia, se ha ganado por mucho el lugar más destacado en niveles de habitabilidad para sus habitantes, con todo y que se ubica en los primeros lugares de las listas de ciudades con mayor densidad de población (7,797 hab/km² para 2016), lo que echa por tierra el paradigma de que una alta densidad va en detrimento de la calidad de vida de sus ciudadanos.

Existen algunos puntos críticos sobre los que las autoridades se han enfocado para hacer de ésta una ciudad modelo. Con un horizonte de planeación urbana de 40 a 50 años, todo el crecimiento está calculado: la infraestructura, el transporte, los usos de suelo, aquellos espacios reservados para el crecimiento futuro, eso sí, con la suficiente flexibilidad para adaptarse al cambio de ser necesario.
Otro punto neurálgico ha sido su política social. Singapur se compone básicamente de inmigrantes, por lo que su convivencia armónica es una condición sine qua non para su funcionamiento exitoso, especialmente por la alta densidad de población que en ella habita. El trabajo con la comunidad es constante dentro de esta variopinta sociedad y todos los espacios, tanto públicos como privados, así como las políticas de vivienda, con barrios compactos, mixtos y con una red de transporte eficiente e incluyente – con fuertes gravámenes para los usuarios de autos particulares- inducen a la integración étnica, sacando también provecho de esta multiculturalidad para potenciar las ventajas competitivas que la ciudad ofrece.

La escasez de territorio obliga a la creatividad. En Singapur no existen los espacios residuales, cada metro cuadrado es aprovechado para alguna función o varias y se exprime el potencial del espacio público al máximo para incrementar la vitalidad de la ciudad. A falta de extensión territorial han tenido que crear combinaciones urbanas poco ortodoxas, como industria en vertical, clusters de fábricas afines con infraestructura compartida o parques del conocimiento donde se realiza investigación científica de punta dando impulso prioritario al emprendimiento y la innovación.
Los singapurenses también han tomado nota lo que la psicología ambiental ha venido diciendo desde hace ya algún tiempo respecto a que la cantidad de verdor influye en la sensación de bienestar y felicidad de las personas. De ahí que hayan generado estrategias para fomentar en la gente el aprecio y acercamiento con la naturaleza. Asimismo, han dispuesto incentivos a aquellos desarrolladores que incluyan en sus proyectos cualquier tipo de espacios verdes y cuerpos de agua, al grado de hacer de Singapur una ciudad en un jardín y no lo opuesto, lo que además ayuda a combatir el calentamiento global, la contaminación ambiental y a la captación de agua dulce, que ha sido una de las principales carencias de esta ciudad-estado al grado de tener que importarla de Malasia.
Marina Barrage, presa en Singapur que se diseñó con la finalidad primordial de abastecer de agua dulce y controlar las inundaciones en las zonas bajas de la ciudad. Además de cumplir con estos objetivos, el conjunto es también un parque urbano que se ha convertido en un importante punto de encuentro, siendo escenario de diversas actividades, tales como kayaquismo, conciertos al aire libre y clases multitudinarias de yoga.

Si de ciudades inteligentes hablamos, Singapur es sin lugar a dudas una de ellas. La necesidad los ha hecho enfrentar de manera innovadora y creativa los retos que sus limitaciones geográficas les imponen. La sostenibilidad en su caso no es una alternativa, es una estrategia de supervivencia y aunque también tienen su lado obscuro, es un hecho que Singapur hoy en día es un referente urbano a nivel mundial.