Urban Landscape Constructions

RESCATANDO ESPACIOS

Por: Consejo Editorial de ULC

En todo núcleo urbano se generan espacios que no tienen una función específica y que por sus características, bien sea por sus dimensiones, por su ubicación o porque la función que otrora desempeñaban ha caído en desuso.

Entre ellos encontramos un buen porcentaje de espacios residuales, es decir, áreas normalmente pequeñas e irregulares, que han quedado atrapadas entre vialidades o edificios donde a veces es complicado el acceso, esquinas sobrantes en cruceros, espacios bajo puentes, etc. pero también zonas más generosas tales como bancos de material agotados, canales, ríos y en general cuerpos de agua de diversas características y dimensiones, tiraderos de basura que ya superaron su capacidad de almacenamiento, vías férreas que han caído en desuso y otros más que quizá fueron motores de actividad en otro momento pero que el tiempo los ha dejado en el olvido.

Jane Jacobs los denominaba vacíos urbanos, y señalaba que eran zonas que constituían focos rojos para cualquier urbe pues debido a su naturaleza son sitios a los que la gente no acude e incluso evita, son espacios muertos y el riesgo es que se pueden comportar como la gangrena extendiéndose al punto de afectar la vitalidad total de un emplazamiento.

Estos espacios, como se ha demostrado ya en casos muy significativos en todo el mundo, tienen un alto potencial urbano si se tiene la visión para darles la vuelta y convertirlos en espacios que abonen al desarrollo económico y social de una zona a través de procesos de regeneración urbana, dignificándolos y revitalizándolos para que nuevamente formen parte activa y útil en la vida de una ciudad.
Un ejemplo es la zona de Santa Fe, en la ciudad de México, que originalmente era un sitio donde se explotaban bancos de arena y que más tarde se convirtió en un relleno sanitario. Santa Fe en la actualidad es considerado, merced a un proceso de transformación muy ambicioso, como “la pequeña Manhattan de la Ciudad de México”. Desgraciadamente, éste no es el mejor ejemplo de regeneración urbana puesto que la zona presenta ya numerosos conflictos que hacen pensar que el proyecto se les fue de las manos, empero ejemplifica de forma clara el alto potencial que los vacíos urbanos tienen como polos de desarrollo.

Existen otros ejemplos a menor escala que han resultado muy positivos. En la Ciudad de México se implementó el programa Bajo Puentes, por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI), con el objeto de otorgar a estos espacios un uso claramente definido y reglamentado. Estos espacios, que en muchos casos se habían convertido en tiraderos de basura, albergue de indigentes, baños públicos o lugares favorables para la comisión de delitos, ahora son mini plazas comerciales y de servicios, mantenidas y vigiladas por los locatarios, con lo que se solucionó en gran medida el tema de seguridad para los viandantes y se mejoró indiscutiblemente la imagen urbana.

Mediante la concesión de estos espacios a la iniciativa privada, se logró la revitalización de lo que antes habían sido espacios abandonados, generando así alternativas de interacción social y movilidad.
Muchos espacios residuales en la actualidad, se están rescatando mediante acercamientos de Placemaking como el LQC (más rápido, más barato, más ligero) como el caso del trabajo realizado por la Comisionada del Departamento de Transporte en la ciudad de Nueva York de 2007 a 2013, Janette Sadik-Khan, quien junto con su equipo de profesionales transformó la fisonomía de la ciudad mediante proyectos audaces, a bajo costo y a gran velocidad de implementación, proyectos que en su carácter de temporales en principio, servían para medir la aceptación, funcionalidad y respuesta del usuario sin tener que hacer inversiones millonarias y que supusieran un largo plazo de ejecución.

Espacios residuales o sin un uso específico son susceptibles de sufrir transformaciones temporales que sirvan para medir la aceptación del usuario sin invertir grandes recursos y así valorar si es viable una regeneración con carácter de definitiva, como en el caso de esta instalación urbana en el puerto de San Francisco, que ofrece un espacio interactivo de exploración y observación del comportamiento humano.

Así como en la arquitectura los conventos se han transformado en museos, las viejas fábricas en galerías, las estaciones de ferrocarril en centros culturales, los espacios abiertos residuales y en desuso deben transformase para formar parte del tejido social desde una perspectiva de comunidad. Especialmente ahora que vemos como en las ciudades se vive más aislado que nunca, es momento de ser innovadores y proponer usos creativos que den albergue a nuevas formas de convivencia. El potencial de los vacíos urbanos es infinito, como diría Patrick Bouchain, son “lugares portadores de posibilidades en un estado de excepción latente”.