Urban Landscape Constructions

¿Redensificar o seguir dispersando?, He ahí el dilema.

Por: Consejo Editorial de ULC

Las ciudades se han convertido en el motor de la economía mundial, que es de donde surge su fuerza de atracción. Para 2050 se espera que el 70% de la población mundial viva en un entorno urbano. La velocidad con la que este fenómeno se está llevando a cabo es todavía más acelerada en países que, como México, cuentan con economías menos fuertes comparadas con las grandes potencias.
Ante este panorama ineludible, debemos estar conscientes de que las ciudades, en particular las de tamaño medio como Querétaro, van a crecer inevitablemente, pero existen dos maneras de hacerlo, siendo el soporte de la cultura, las aspiraciones y el bienestar de sus habitantes o bien siendo la fuente de su deterioro físico, psicológico y social.

Las mejores prácticas urbanas aceptadas mundialmente hablan de estrategias que atienden aspectos sociales, económicos y ambientales simultáneamente, como la incorporación de usos de suelo mixto, ciudades que sean caminables, con un transporte público eficiente, ricas en diversidad social, integradas económicamente y toda una serie de prácticas que permiten generar sinergias positivas. El patrón de ciudad dispersa heredado del fordismo, tan popular aún entre nosotros lamentablemente, es contrario a esta filosofía pues es promotor del separatismo social, del uso del auto privado a falta de cobertura eficiente del transporte público, usos de suelo sectorizado, etc. todo lo cual tiene un costo medioambiental y social que fragmenta las ciudades y deteriora la calidad de vida de sus habitantes.
Uno pensaría entonces que la práctica más saludable sería entonces redensificar, es decir, adoptar el modelo de ciudad compacta, si no por otra cosa, sí por lo menos por una simple regla de eficiencia económica: optimizar los recursos ya existentes, tal como se haría con una fábrica al incorporar tres turnos en lugar de uno. Sin embargo, esto no siempre corresponde a la realidad pues para algunas ciudades, una alta densificación no ha traído consigo necesariamente algo positivo.

Pekín, por ejemplo, es una de las ciudades más densamente pobladas en el mundo y hace pocos años sufrió uno de los congestionamientos viales más sonados de todos los tiempos. Éste tuvo una duración de nada menos que 12 días. Su origen fue fue el gran número de vehículos circulando al mismo tiempo superando por mucho la capacidad de la vialidad. Esto demuestra que una densificación per se puede ser muy perjudicial si no se planea correctamente.

Una densidad mal planeada, como en el caso de Pekin, puede generar ciudades realmente ineficientes, no sólo desde el punto de vista de la movilidad urbana, con el consecuente impacto ambiental, sino también en otros aspectos, como la generación de desperdicios en una cantidad inmanejable, mayor número de accidentes automovilísticos, mayor pugna entre los habitantes por el espacio vital, falta de privacidad, condiciones de habitabilidad disminuidas en la vivienda, marginación social, subempleo y así una larga lista que por supuesto puede echar por tierra lo que la mayoría de urbanistas sostienen respecto de las ciudades más densas.

El tema es entonces cómo hacer que una alta densidad poblacional compagine con altos niveles de habitabilidad, incluyendo todo el aspecto psicológico y de bienestar que lo acompañan.

Un reporte publicado en 2013 por el Instituto de Territorio Urbano (ULI) y el Centro para Ciudades Habitables (CLC) designó a Singapur como la ciudad más destacada en términos del equilibrio alcanzado entre una alta densidad (7,797 hab/km² en 2016) y elevados niveles de habitabilidad. Las medidas que se adoptaron fueron la planeación sistemática a largo plazo, una fuerte inversión en infraestructura y medios de transporte de tipo ecológico, el acercamiento a la naturaleza a través del uso intensivo de plantas dentro de los espacios públicos, el fomento a la diversidad y la promoción de la inclusión debido a la gran cantidad de inmigrantes y grupos étnicos que existen en la ciudad, la generación de barrios con usos mixtos y vivienda accesible y por último, el impulso a los espacios públicos para la generación de sentido de comunidad.
Ahora que estamos viendo el sentido en el que se dirigen nuestras ciudades en México, es momento de aprender de las lecciones mundiales dando los pasos correctos en el momento oportuno para así poder enfrentar de manera exitosa las inexorables exigencias urbanas que se nos perfilan.