Urban Landscape Constructions

PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN URBANA:

Por: Consejo Editorial de ULC

Placemaking
Parte II

El placemaking tiene como enfoque principal la transformación del espacio público, el espacio que utiliza la gente cuando realiza su vida en comunidad, y se fundamenta en la premisa de que espacios públicos vibrantes son el punto de partida de un diseño urbano exitoso, sea éste a nivel barrio, región o ciudad en su totalidad. El espacio público es entonces el eje rector del proyecto y es éste el que dicta donde habrán de ubicarse y como habrán de funcionar otro tipo de equipamientos, así como cuáles serán las transformaciones que a largo plazo se pudieran requerir.
En el caso por ejemplo de una calle cuya capacidad ya quedó rebasada por el flujo vehicular, la estrategia que se plantearía con un enfoque de esta naturaleza, antes que decidir ampliar la calle para dar cabida a un mayor volumen de autos, sería reservar un carril exclusivo para bicicletas y peatones y fomentar su utilización, implementar banquetas más atractivas y seguras, fortalecer la red de transporte público, ofrecer incentivos económicos a quienes dejen de utilizar el auto en horas pico o a quienes compartan el uso del mismo, promover la modificación de horarios de apertura de negocios o servicios para que no todos coincidan al mismo tiempo, modificar la configuración de zonas de estacionamiento y un largo etcétera de estrategias que si bien involucran un trabajo de gestión importante y de coordinación gubernamental, no necesariamente tienen un impacto económico sustancial.
Otro aspecto importante del placemaking es el entender que la ciudad no es un ente estático, sus necesidades van cambiando conforme la sociedad evoluciona, se desarrolla y transforma su relación con la misma. En consecuencia este acercamiento al proceso de diseño y gestión del espacio urbano debe encontrarse atento a los cambios que le demanda la sociedad a quienes va dirigido con el objeto de reinventarse y transformarse según se requiera.
Un ejemplo notorio a nivel nacional en cuestión de transformación del espacio público lo fue el programa PREP de la SEDESOL cuando se decidió invertir en juegos infantiles de buena calidad y la transformación de parques y jardines mediante la reforestación, construcción de pistas, programación de actividades deportivas, etc. con el objeto de generar espacios más atractivos y vitales. En muchos casos el programa tuvo grandes éxitos, pero en otros no. Cabría pensar si el programa hubiera tenido mayor éxito en caso de haber implementado un enfoque de placemaking en cada barrio con base en los intereses, edades y anhelos de cada comunidad en particular en lugar de clonar el mismo prototipo, con ciertas variantes, por todo el país.
Otro ejemplo en el que se involucró a particulares en la transformación de espacios públicos residuales fue en el caso del programa “Bajo Puentes” de la SEDUVI, en la Ciudad de México. Se detectó que muchos de los pasos debajo de los numerosos puentes vehiculares representaban un riesgo para sociedad pues eran los sitios preferidos por indigentes, drogadictos y vándalos que se dedicaban a robar a los peatones. En este caso se tuvo la visión de rentar estos espacios a inversionistas privados quienes, por un costo más bajo del mercado, se comprometían a construir su local bajo ciertos estándares y a cubrir el costo de limpieza y mantenimiento del espacio público, utilizando únicamente el 30% del espacio disponible para efectos de operación de su negocio. Con ello se le dio un giro de 180° al aspecto de la ciudad, pues dichos espacios ahora son seguros, están bien iluminados y resultan atractivos para la gente. La mayor inversión no salió de los impuestos de la ciudadanía, sino de los locatarios planteando un esquema de operación y mantenimiento autosustentable que no impacta en las arcas gubernamentales e incluso le genera ingresos.
En opinión de algunos, las grandes y costosas obras no deberían ejecutarse hasta que sea necesario por motivos de mantenimiento de la infraestructura, pero no por motivos de transformación del uso de la calle, para ello la herramienta LQC que mencionábamos en la primera parte de este artículo resulta de gran utilidad. En el caso del mantenimiento de la infraestructura, es algo que a claras luces no se podría poner en tela de juicio ni abordar mediante un enfoque de placemaking, así como otras intervenciones en espacios públicos que por su significado ya sea político, histórico, socio-económico, etc. no se presten a la naturaleza participativa del proceso.
El peligro de un enfoque de placemaking, es que éste se convierta en una bandera política, cosa que sucede con frecuencia en todo el mundo y México no es la excepción, de ahí que este tipo de proceso, para que pueda funcionar de manera auténtica, debe mantener una independencia política en todo momento, de lo contrario corre el riesgo de convertirse en un instrumento de marketing.