Urban Landscape Constructions

PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN URBANA:

Por: Consejo Editorial de ULC

Placemaking

Parte I

En nuestra colaboración pasada hablamos sobre el concepto de regeneración urbana, entendida como un número de acciones que de manera integral y multidisciplinaria tienen por objeto darle un nuevo impulso a una zona determinada, estableciendo estrategias que permitan, como fin último, elevar la calidad de vida de las personas que en ella habitan y se desarrollan.

Una forma de hacer lo propio ha sido mediante una aproximación a la manera de transformar la ciudad conocida ya desde hace unos 20 años como “placemaking”, sobre la cual hablamos de manera sucinta en una colaboración previa al tocar el tema de diseño participativo. En realidad, el placemaking es un enfoque que utiliza metodologías de diseño participativo para implementar estrategias de cambio, pero cuya característica medular radica en que inicia desde el planteamiento de objetivos, a diferencia de lo que sucede con los planteamientos urbanos tradicionales en donde un grupo de expertos trazan los objetivos a alcanzar desde un punto de vista técnico en relación con la problemática que presenta una zona y a partir de ello someten, o no, el planteamiento a la consulta pública.

Los partidarios del placemaking sostienen que mediante el diseño urbano tradicional, la ciudad se vuelve un entorno funcional y en el mejor de los casos bello, sin embargo mediante el placemaking se vuelve un entorno vital pues convierte el espacio físico en lugar, entendido éste último como un concepto que alude a lo emocional y que refleja el vínculo entre la persona y su entorno, que al final del día es lo que se busca para resolver muchos de los problemas de inseguridad que sufren las ciudades actuales.

El placemaking busca que los habitantes se involucren activamente en el proceso de transformación de su entorno con el objeto de que se identifiquen con él, que se lo apropien para que lo procuren y hagan uso intensivo del mismo. El equipo multidisciplinario de expertos se vuelve entonces un agente orientador que se asegura de que el proceso fluya, que las soluciones planteadas sean viables desde el punto de vista técnico y que el resultado genere lugares atractivos y vitales. El proceso tradicional de diseño se invierte, en lugar de ser de arriba hacia abajo (top-down) se convierte en un proceso de abajo hacia arriba (bottom-up), es decir, un proceso más democrático.

Las transformaciones que propone el placemaking no son transformaciones costosas ni eternas, por el contrario, el objetivo es detectar qué es lo que requiere la comunidad y a qué aspiran para con ello construir una visión a futuro que permita establecer estrategias a corto plazo que gradualmente y en un lapso corto de tiempo encaminen a la comunidad hacia esa visión de largo plazo. No se trata de un urbanismo de revista que gane premios internaciones, se trata un urbanismo práctico que tenga como eje rector las necesidades de la comunidad y sus dinámicas de interacción con el espacio. El diseño del espacio cuenta pero lo más importante es la administración y programación del mismo, es decir, el uso que se le da al espacio público y cómo las características físicas de este espacio deben de responder al uso que se le tiene programado.

Una herramienta utilizada por la organización sin ánimo de lucro llamada Project for Public Spaces (PPS), la principal promotora de esta forma de hacer ciudad, se llama LQC, por sus siglas en inglés lighter, quicker, cheaper, que significa “más ligero, más rápido, más barato” y que traduce de manera muy clara en qué consiste el placemaking.

La herramienta LQC consiste en acudir junto con la comunidad que habita una zona al espacio público que se quiera mejorar. Se hace un recorrido, se estudia y se discute la problemática en sitio y en un lapso de tres horas tras haber completado la evaluación, se genera una visión de hacia dónde se quiere llegar y un plan de implementación de cómo se podrá transformar ese espacio para que deje de ser un sitio abandonado y se convierta en uno saludable, funcional y que forme parte de la vida comunitaria. A partir de allí, no deben pasar más de unos cuantos días para que los primeros pasos de la transformación se lleven a cabo y normalmente éstos son implementados por la misma comunidad.

Las transformaciones pueden ser de diversos tipos, desde la programación de actividades deportivas como clases de zumba o yoga, exhibiciones artísticas, instalación de bazares y mercadillos al aire libre, dar mantenimiento al mobiliario urbano, cerrar la circulación a cierto tipo de vehículos, crear un andador peatonal, promover actividades de reforestación o recolección de basura, etc., es decir, actividades muy concretas que   no son necesariamente costosas, que involucran a la sociedad y cuyo desempeño se puede evaluar de manera inmediata para con ello nutrir las transformaciones que sí requieren más tiempo y presupuesto para llevarse a cabo.

El placemaking, aunque sin duda es una aproximación muy valiosa para crear espacios públicos llenos de vitalidad, no es un enfoque con el que se puedan abordar todas las problemáticas urbanas ni en todos los contextos, por lo que habría que discernir entre los espacios donde sí es viable implementar esta metodología y dónde no, pero de ello hablaremos en nuestra próxima colaboración.