Urban Landscape Constructions

PRINCIPIOS DE DISEÑO URBANO: ACCESIBILIDAD UNIVERSAL

Por: Consejo Editorial de ULC

El censo de población y vivienda 2010 realizado por el INEGI arrojó que un 5.1% de habitantes en México tiene algún tipo de discapacidad. Esto significa que aproximadamente seis millones de personas en nuestro país forman parte de este grupo cuyas condiciones físicas o mentales los colocan en una situación de mayor vulnerabilidad y/o desventaja respecto al resto de la población.

Gracias al reconocimiento de la existencia y la necesidad de atender estas situaciones particulares que algunos grupos de personas viven, fue que a mediados del siglo XX- lo que parecería muy recientemente si lo vemos desde la perspectiva de la historia de la humanidad- se acuñó el término de “diseño libre de barreras”. Este fue un primer paso en el camino a la concientización sobre la necesidad de transformar el medio físico con el objeto de que personas con discapacidades diversas tengan mayores y mejores posibilidades de integrarse a la vida productiva, social y cultural de su entorno y que lo puedan hacer en igualdad de circunstancias respecto al resto de la población.

En un principio, el concepto “libre de barreras” se reducía en gran medida a proporcionar rampas y elevadores para facilitar el acceso a personas con silla de ruedas, pero afortunadamente fue evolucionando a medida que se reconocían diversos tipos de discapacidad, tales como limitaciones auditivas, visuales, problemas del lenguaje, trastornos mentales e incluso aquellos quienes, sin tener una discapacidad como tal, por la condiciones mismas de su naturaleza pudieran encontrar dificultades al interactuar con su entorno, como es el caso de los niños y adultos mayores.

A partir de allí, disciplinas como la arquitectura, el urbanismo y el diseño industrial comenzaron a incorporar criterios de lo que se denominó “diseño accesible”, que tenía por objeto establecer protocolos que incorporaran a personas con discapacidad en su espectro de usuarios potenciales. Así se sientan las bases de lo que ahora se conoce como “diseño universal”, concepto acuñado por Robert L. Mace, arquitecto, diseñador y catedrático norteamericano, quien fuera el principal promotor de un diseño que además de ser estético fuera, dentro de lo posible, utilizable por cualquier tipo de persona sin adaptaciones o diseños especializados, sin importar su edad, habilidad o fase de la vida por la que estuviese pasando.

La accesibilidad universal como tal tiene fuertes raíces en el funcionalismo escandinavo de los años 50, el diseño ergonómico de los años 60 y, particularmente, en la política social sueca de los años 70, en la que se acuñó el término de “Una Sociedad para Todos”. Es una filosofía que incorpora el nuevo modelo social de intervención con personas con discapacidad y reta al diseño convencional proporcionando las bases para un mundo más incluyente, de ahí que tenga un fuerte asiento en los derechos humanos y vaya más allá de la eliminación de barreras para, en su lugar, diseñar sin ellas.

La accesibilidad universal es quizá uno de los principales componentes de la movilidad integral y su importancia resulta aún más acentuada cuando caemos en la cuenta de que la idea de discapacidad está íntimamente determinada por la falta de adecuación de los entornos con los que se interactúa, esto significa que una persona con una discapacidad determinada se sentirá más o menos vulnerable dependiendo de la facilidad con la que se relacione con su entorno y sea capaz de llevar a cabo diversas actividades de manera más o menos autónoma.

En el campo del urbanismo y la arquitectura de paisaje resulta imperativo que todos aquellos que de manera directa o indirecta participen en la elaboración de políticas y proyectos urbanos, tengan verdadera conciencia respecto a la necesidad de dotar a los ambientes construidos de características que de manera efectiva proporcionen a todos por igual la oportunidad de disfrutar de ellos sin asistencia, de manera simple e intuitiva, sin poner la vida en riesgo al hacerlo e independientemente de las habilidades tanto físicas como mentales que cada quien posea. En México hemos avanzado lentamente en este tema respecto a otros países y, aunque en el ámbito teórico hemos dado grandes pasos hacia esta conceptualización del diseño, en la práctica aún tenemos un gran camino por recorrer.