Urban Landscape Constructions

PARKLETS: Del cajón al parque.

Por: Consejo Editorial de ULC

Al paisaje urbano de los últimos años se han estado incorporando elementos innovadores que trascienden por encima de lo convencional y que nos hablan de una búsqueda de la ciudadanía hacia una nueva forma de relacionarse con la ciudad y de apropiarse del espacio público. Uno de estos elementos, que se crea tal vez por las mismas razones por las que en su momento nacieron las instalaciones artísticas dentro del arte contemporáneo y que podríamos decir que es una interpretación urbana de las mismas, es el “parklet.”

El parklet es, como su nombre lo indica, un mini-parque urbano. Son pequeñas porciones de territorio robado a la calle -cajones de estacionamiento- que tienen por objeto crear un remanso allí donde el asfalto y el concreto son dueños y señores y convertirse en un espacio que reivindique su relación con el ser humano. Su peculiaridad radica en que es temporal y, al serlo, es susceptible de utilizarse como campo de experimentación para propuestas innovadoras que de implementarse sin este periodo de prueba, correrían el riesgo de convertirse en rotundos fracasos urbanos.

El origen de esta propuesta lo encontramos en un grupo de diseñadores, artistas y activistas urbanos llamado Rebar, con base en San Francisco, California, cuyas propuestas pretenden reinterpretar la relación del ser humano con su entorno y hacer de éste un espacio más humano y divertido, rompiendo así con el paradigma heredado del siglo pasado en el que el automóvil es el eje rector de la planeación y el diseño urbano.

Rebar, en 2005 llevó a cabo un experimento en una zona de San Francisco donde el porcentaje de áreas verdes en contraste con las áreas pavimentadas era muy escaso y el tránsito vehicular era constante. Por un lapso de dos horas y en un espacio equivalente a un cajón de estacionamiento, se conformó un mini-parque con escasos cuatro elementos: una alfombrilla de pasto artificial, un árbol en su macetero, una banca y un pequeño letrero que rezaba “Si quiere disfrutar de este pequeño parque, haga favor de colocar unas cuantas monedas en el parquímetro.” Y así, sin más esfuerzo que ése llegó el primer usuario, al poco llegó el segundo y en breve ambos entablaron una conversación, justo ahí, donde antes no había más que un cajón de estacionamiento.

El éxito de la propuesta no se dejó esperar. La autoridad en San Francisco se interesó al grado de hacer de Park(ing) un programa oficial de gobierno: Park(ing)Day, el cual ya no es un fenómeno de una sola ciudad, se ha convertido en un movimiento global y del cual participan muchas ciudades en todo el mundo. Actualmente, el tercer viernes del mes de septiembre de todos los años, cualquier persona o grupo que quiera apropiarse temporalmente de un cajón de estacionamiento con parquímetro y transformarlo en un “parklet”, un espacio público, propositivo y crítico de un día, lo puede hacer.
Pero la historia no termina ahí, el concepto original del parklet se ha ido transformando y ha dado paso a una infinidad de variantes de lo que fuera el proyecto original, lo que también nos habla de la aceptación y apropiación de este género por parte del usuario. Muchos parklets se utilizan por ejemplo como gimnasios al aire libre, golfitos, áreas de picnic y también como extensiones de los comercios aledaños donde se puede atender al cliente. En su inmensa mayoría son públicos, apuntando al sentido de equidad que los inspiró, aunque también los hay privados aunque en menor porcentaje, los tamaños abarcan lo equivalente a un cajón de estacionamiento o hasta 8 o más, con temporalidades que pueden oscilar entre un par de horas hasta incluso toda una estación del año, o aquellos que por sus cualidades y nivel de aceptación se convierten en referentes urbanos.

La aceptación de los parklets a nivel mundial sólo se ve opacada por opiniones de quienes aún consideran que el auto sigue siendo la razón de ser de las calles. Afortunadamente este enfoque está cambiando gradualmente ya que todos estos ejemplos nos muestran una vez más que existen nuevas formas de relacionarnos con la ciudad y sus potencialidades y lo que es mejor, hacer de ésta relación algo más incluyente y equitativo. En el urbanismo están apareciendo nuevos paradigmas en donde el ser humano resurge como elemento central del diseño y donde las propuestas de cambio no necesariamente deben ser intervenciones muy ambiciosas ni a gran escala, sino más bien muy en contacto con lo que el ser humano busca y necesita de su ciudad.