Urban Landscape Constructions

LABERINTOS

Por: Consejo Editorial de ULC

Los laberintos han estado presentes en el mundo del diseño desde hace ya varios siglos, lo cual no es de sorprender puesto que si nos remitimos a sus orígenes encontramos que su trazo guarda una fuerte relación tanto simbólica como formal con el ciclo de la vida y la muerte, con el bien y el mal, con el origen y el destino, etc. todo lo cual ha sido una preocupación netamente humana desde tiempos inmemoriales y, por supuesto, se ha plasmado en el arte como recurso de su más pura expresión.

Cuando hablamos sobre laberintos prácticamente la mayoría de nosotros pensamos en algo inextricable, complicado, de difícil solución, sin embargo, ésta acepción de la palabra hace referencia a un tipo particular de laberintos que surgen a mediados del siglo XV y que efectivamente tienen el propósito de confundir. Sin embargo, las primeras representaciones laberínticas, que datan del siglo II a.C., presentan un trazo sencillo, unicursal, es decir, de una sola vía, cuya intención no es la de desorientar o engañar, sino por el contrario, el trazo es ininterrumpido, no tiene ramificaciones y por lo tanto no se presta a libre elección.

En este tipo de laberintos el recorrido lleva invariablemente al centro, sólo alternando sentido y dirección, no existen intersecciones, la entrada coincide con la salida y siempre hay una frontera clara entre interior y exterior.

La popularidad de este trazo sigue vigente. Existen numerosos centros penitenciarios, hospitalarios y de rehabilitación que echan mano de él con fines terapéuticos, como una forma de influir en los estados anímicos de las personas, ya que propician el encuentro con uno mismo, la introspección y la búsqueda de paz interior.

Otro tipo de laberinto es el multiviario, que a diferencia del primero presenta un esquema con múltiples alternativas, callejones sin salida, interrupciones e intersecciones y cuyo propósito es confundir y desorientar.

Los primeros diseños multicursales estaban conformados por límites continuos, es decir, ligados entre sí y en consecuencia tenían muy fácil solución pues si se mantenía la mano apoyada sobre el muro del lado izquierdo durante todo el recorrido, indefectiblemente se habría de llegar al centro. Un ejemplo icónico de finales del siglo XVII y que aún se puede recorrer es el laberinto del Palacio de Hampton Court en el Inglaterra, el cual cumple a pie juntillas con la regla de la “mano izquierda.”

El laberinto del Palacio de Hampton Court fue mandado a hacer por el rey Guillermo II y su esposa María II con fines recreativos. Originalmente se plantó con carpes pero posteriormente se sustituyeron por tejos. Posee el récord Guinness por ser el laberinto de setos más antiguo del mundo.
Más tarde, en el siglo XVIII, un matemático inglés de nombre Philip Stanhope (1714-1786) introdujo una variante que revolucionó el diseño de los laberintos. Él planteó el uso de islas completamente desligadas del perímetro en sus diseños, lo que abrió la puerta a una posibilidad creativa infinita, la cual está llegando actualmente a una sofisticación extraordinaria, al grado de convertirse en una especialización que requiere tanto de habilidad artística como de capacidad técnica para producir un trazo lo suficientemente complicado para resultar interesante, pero a la vez lo suficientemente sencillo para no resultar opresivo.

En la actualidad existen los más variopintos laberintos, ya sean simbólicos o lúdicos. En Estados Unidos, por ejemplo, han proliferado los hechos en campos de maíz. Éstos se caracterizan por ser temporales y tienen la ventaja de generar un valor agregado a la actividad agrícola de las granjas principalmente de la Unión Americana, pues constituyen sitios recreativos que gozan de gran aceptación por parte del público de cualquier edad.

El laberinto en la arquitectura de paisaje, lo mismo que en otros ámbitos del diseño y el arte en general, ejerce un poder de atracción difícil de superar. Ello quizá se deba a su profundo contenido simbólico, pues representa una alegoría de la vida misma, con sus caminos intricados y la certeza del origen en oposición a la incertidumbre del fin. El laberinto es y será siempre parte del lenguaje formal del diseño, pues constituye la materialización de los cuestionamientos filosóficos más fundamentales del ser humano.