Urban Landscape Constructions

LA SOSTENIBILIDAD COMO PRINCIPIO DE DISEÑO URBANO

Por: Consejo Editorial de ULC

Retomando la definición de desarrollo sostenible, entendido como “aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”[1], resulta evidente que todas las disciplinas y en particular aquellas relacionadas con el hacer ciudad tengan, por fuerza y por conciencia, que mirar hacia la sostenibilidad como modelo para sus planteamientos.

A este respecto podemos decir que en el campo del urbanismo y la construcción, esto se había venido dando de manera intuitiva y por observación del medio desde tiempos remotos. En realidad éste es el sustento de la arquitectura vernácula. Hasta antes de la revolución industrial, las sociedades empleaban técnicas de diseño ambiental que regían el proceso de diseño y construcción de las viviendas, así como la selección los emplazamientos donde habrían de asentarse sus ciudades. En aquella época, por ejemplo, a nadie se le hubiera ocurrido levantar un asentamiento en el cauce de un escurrimiento natural, pues entendían las consecuencias de no respetarlo.

Si bien la revolución industrial trajo consigo un gran progreso en sentido material y económico, también significó un retroceso importante el campo del ambientalismo y la ecología y esto por supuesto también repercutió en la arquitectura y el urbanismo. Esta mecanización de los procesos junto con la aparición de un estilo ecléctico alrededor de 1850, también llamado historicista, en el que el contenido cultural de una obra adquirió mayor importancia que lo que la lógica natural dictaba, hizo que hasta antes del Club de Roma, hubiera una indiferencia prácticamente absoluta por el medio ambiente y el daño que se le estaba ocasionando.

Afortunadamente, este panorama obscuro se empieza a iluminar, pero de manera tan gradual que por ejemplo la preocupación ambiental se traduce en muchas ocasiones, a un manejo de tecnologías que no constituyen parte integral de los proyectos, se trata de mecanismos más o menos independientes del proyecto principal y se conciben como añadidura al mismo, tal es el caso del programa de INFONAVIT conocido como Hipoteca Verde, que promueve el uso de ecotecnologías como condición para otorgar un crédito suplementario para compra de vivienda, lo cual es un paso adelante, pero sin duda pudiera tener una proyección mucho más ambiciosa.

El objetivo debiera ser pues, llegar a un grado de compromiso en el que los criterios de sostenibilidad formen parte inherente al proyecto, como parte de su esencia, no únicamente a través de lograr la eficiencia energética, sino también generando espacios saludables, económicamente viables y sensibles a las necesidades de la población, pero sobre todo, sin perder de vista que un pequeño proyecto, por muchas hectáreas que éste tenga, es una parte infinitesimal de un todo y que una decisión poco acertada puede tener una consecuencia que no necesariamente es evidente. El impacto de una intervención hecha aquí y ahora, siempre tendrá su repercusión en otro tiempo y lugar.

Por ello es de sorprender que aún existan personas, cuya ambición ciega hace que sean capaces de promover urbanizaciones en áreas naturales protegidas, como es el caso de Peña Colorada y el cerro del Cimatario, y que so pretexto del crecimiento económico y la generación de empleos justifiquen estas acciones, cuando en realidad lo único que están haciendo es comprometer la integridad de todos, ellos y sus familias incluidos. No existen acciones menos sostenibles que éstas.

[1]  Nuestro Futuro Común. Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo (CMMAD). (1987).  Nueva York