Urban Landscape Constructions

LA ARQUITECTURA DE PAISAJE EN MÉXICO Y EL MUNDO. Segunda Parte.

Por: M. En Arq. Romy Rojas Garrido

La palabra “paisaje” proviene del francés pays que significa campo, país y en tanto que país no se trata únicamente de una superficie delimitada por fronteras sino a un territorio con el cual se identifica un pueblo.

Javier Maderuelo, catedrático español y autor de diversos libros y artículos, propone una definición: el paisaje “no tiene una existencia autónoma porque no es un lugar físico sino una construcción cultural, una serie de ideas, de sensaciones y sentimientos que surgen de la contemplación sensible del lugar” [1].

El paisaje es entonces un ámbito en el que se vuelca la carga cultural de un pueblo que lo define y con el que se identifica. Siendo así, comprendemos entonces el aspecto simbólico que desde tiempos precolombinos poseía el espacio exterior. El paisaje en las culturas mesoamericanas era sagrado y esto hizo posible una relación respetuosa con la naturaleza, relación que se deterioró a medida que los avances tecnológicos y la industria fueron ganando terreno, desestructurando los ecosistemas y degradando el medio ambiente. En este contexto es que la arquitectura de paisaje resurge en importancia como una manera creativa y responsable de conciliar la naturaleza con el crecimiento urbano.

Luis Barragán, quien ha sido considerado por los especialistas como el primer arquitecto paisajista mexicano, entendió lo anterior perfectamente cuando supervisó la concepción, diseño y ejecución de los Jardines del Pedregal, una exclusiva zona residencial al sur de la Ciudad de México, la cual fuera de acuerdo con sus propias palabras “un éxito trascendental y mi obra más importante e interesante”. Barragán abordó este proyecto de urbanización con el espíritu de completar la obra de la naturaleza sin violentarla y ésta fue la constante que rigió en el proyecto desde su concepción hasta su ejecución.

Si bien su trabajo se conoce primordialmente por su arquitectura, que le mereció el premio Pritzker en 1980, su aportación a la arquitectura de paisaje, menos conocida pero no por ello menos espectacular, nos habla de su sensibilidad respecto a la indisociable relación de la naturaleza con el diseño arquitectónico y su preocupación por la sustentabilidad.

Otro ejemplo interesante que ejemplifica de manera muy clara la importancia del paisaje en el devenir histórico de México es el Bosque de Chapultepec, el cual desde épocas precolombinas era considerado sagrado y poseía una importancia cultural intensa. Tanto Nezahualcóyotl como Moctezuma realizaron obras de gran envergadura e importancia ritual, como el acueducto que abastecía de agua de los manantiales a la Gran Tenochtitlán y los famosos baños de Moctezuma.

Tras la caída de México-Tenochtitlán a manos de los españoles, Hernán Cortés se apropia de Chapultepec y no es sino hasta 1530 que se otorga por cédula real el Bosque de Chapultepec a la Ciudad de México como lugar de recreo para sus habitantes.

Con el devenir del tiempo, Chapultepec sufrió algunas intervenciones que fueron dando lugar a un enclave que a pesar de poseer un gran bagaje histórico, no estaba estructurado de forma integral y que con el paso del tiempo presentaba ya un deterioro importante.

En 2003 surge la iniciativa por parte de diversos actores interesados en reivindicar este emplazamiento de gran simbolismo, para elaborar un Plan Maestro a cargo de Mario Schetjnan con el fin de rehabilitar el Bosque de Chapultepec y resarcirlo del esplendor y la magnificencia del que fuera poseedor en antaño.

Las intervenciones en Chapultepec se han realizado en etapas y por secciones a partir de 2004 y aún continúan, pero sin duda y debido a su importancia histórica, al ser el parque urbano más antiguo de América, visitado por más de 15 millones de personas al año, importante “pulmón” verde de la Ciudad de México y sitio preferido de esparcimiento de los capitalinos, situación que permite equipararlo con Central Park de Nueva York o al Hyde Park en Londres y constituye uno de los ejemplos más emblemáticos en México de lo que Maderuelo, citado con anterioridad, define como “construcción cultural”.

[1] Javier Maderuelo, Nuevas visiones de lo pintoresco. El paisaje como arte,Fundación César Manrique, Teguise, 1996.