Urban Landscape Constructions

CIUDADES MÁS HUMANAS.

La conformación de las ciudades durante el siglo pasado se caracterizó desde el punto de vista urbano por un fenómeno que determinó en gran medida la escala que en la actualidad manejan un buen número de ciudades de nuestro planeta, no siendo México ni Querétaro una excepción.

El fenómeno al que nos referimos es el fordismo, que, dicho de manera muy sencilla, consistió en aplicar el sistema de producción en cadena a la industria automotriz, logrando así reducir los costos de producción a niveles increíblemente bajos que hicieron posible que familias de ingresos modestos pudieran adquirir un producto al que antes hubiera sido poco probable que pudieran acceder: el automóvil.

El fordismo trajo consigo toda una transformación socio-económica y cultural que por supuesto tuvo su impacto en la planificación de las ciudades americanas y que se replicó por todo el globo terrestre. Las ciudades se expandieron, se crearon suburbios donde el precio de la vivienda era más accesible y ofrecía la esperanza de una mejor calidad de vida, posibilitándose con ello la concreción del tan anhelado american dream.

El fordismo trajo consigo muchos aspectos positivos, sin embargo tuvo un fuerte impacto negativo y fue que se perdió la escala de la ciudad. El ser humano le dejó paso al automóvil como actor principal. Las ciudades se comenzaron a adaptar y planificar en función del auto, que se convirtió en amo y señor de los presupuestos destinados a obras de infraestructura urbana, siendo que en México, por ejemplo, sólo el 32% de los hogares cuentan con automóvil.

Afortunadamente esta situación comenzó a revertirse ya desde hace algunas décadas. Tendencias como el Nuevo Urbanismo de Andres Duany en 1979 es una muestra de ello, pues sin dejar de lado el automóvil se incorpora éste a una planificación urbana compacta, rica en diversidad de usos de suelo, escalable y en donde las distancias son lo suficientemente cortas como para caminarlas o recorrerlas mediante el uso de bicicletas, por lo que el automóvil deja de ser actor preponderante para convertirse en otro elemento más en el diseño de la ciudad.

Existe un documental muy interesante realizado por Andreas Dalsgaard, cineasta danés, quien filmó “The Human Scale”, donde se presenta precisamente el problema de la deshumanización de las ciudades y cómo éstas en algún punto perdieron la escala humana transformándose en megaciudades, a un paso de ser gigaciudades, que parecieran más visiones de ciencia ficción que de realidad.
Ciudades así contribuyen a generar problemas tales como deterioro en la salud por la falta de ejercicio, vandalismo, inseguridad, contaminación, pérdida de horas productivas debido a los continuos congestionamientos viales, accidentes de tránsito, y un largo etcétera de consecuencias asociadas con la pérdida de la conexión del ser humano con su entorno.

Para hacer mejores ciudades se requiere diseñarlas con una visión más humanista, donde las personas sean nuestra principal preocupación, no sólo el conductor de automóviles, sino el ser humano que habita, vive y usa la ciudad, teniendo en cuenta que si queremos espacios vitales debemos proporcionar los elementos de planificación y diseño a la escala del usuario, que satisfagan sus necesidades primarias de movilidad, seguridad, sustentabilidad, pues la forma en que vivimos y desarrollamos nuestras capacidades, e incluso nuestra felicidad, tiene mucho que ver con el entorno que habitamos.

En algunas ciudades esta transformación ha sido posible gracias a que alguna circunstancia desfavorable lo ha permitido, como por ejemplo la ciudad de Christchurch en Nueva Zelanda, en donde debido a un terremoto que arrasó con un buen porcentaje de la ciudad permitió que se reconstruyera con criterios urbanos que incorporaron las peticiones de sus habitantes y que evidentemente giraban más en torno a espacios de recreación y convivencia que a grandes vías de comunicación y altísimos rascacielos. Sin embargo, el verdadero reto está en lograr estas transformaciones en las ciudades existentes.

Pareciera algo imposible de alcanzar, sobre todo cuando la inercia nos lleva a repetir patrones del pasado o la presión de la industria y el crecimiento poblacional nos orilla a establecer ciertas prioridades sobre otras. Sin embargo, ejemplo de que esto no sólo es posible sino que se está llevando a cabo en otras ciudades como la peatonalización de Times Square en Nueva York, que de disponer de un 90% de espacio para autos y 10% para peatones en un inicio, dio un giro de 180° y se transformó en el opuesto o el caso de Melbourne en Australia, donde los que fueran callejones oscuros y vacíos, actualmente son espacios vibrantes, con galerías, restaurantes y un bullicio humano constante.

Este despertar de conciencia en México ya se está dando pero es imperativo que permee en todos por igual, no sólo en los actores políticos y sociales que se encargan de la toma de decisiones respecto a la conformación de la ciudad sino también en el ciudadano que la vive día con día. Al final la ciudad la formamos todos y como bien dijera Jan Gehl, arquitecto danés, en alguna ocasión: “si haces más calles tendrás más autos, si haces más espacio para las personas, tendrás más vida pública.”