Urban Landscape Constructions

CIUDAD Y CAMBIO CLIMÁTICO

Por: Consejo Editorial ULC

La relación que existe entre las ciudades y el cambio climático es íntima y cada vez más urgente de comprender y atender. Pero, ¿cómo se relacionan específicamente una con otra y qué tipo de acciones se pueden llevar a cabo para mitigar el creciente desastre ambiental al que nos enfrentamos actualmente? De acuerdo con los recientes informes de ONU-HABITAT, las ciudades, aun cuando representan solamente el 2% de la superficie de la tierra, consumen el 78% de la energía mundial y producen más del 60% del total de dióxido de carbono. La alta dependencia de vehículos motorizados, la industria y la generación de energía proveniente de fuentes no renovables, producen a diario una enorme cantidad de gases de efecto invernadero. Actualmente, más del 50% de la población mundial vive en zonas urbanas y está expuesta a los efectos negativos de la contaminación en el medio y de los desastres producidos por los cambios del clima en modo acelerado, especialmente aquellas personas de escasos recursos que tienden a asentarse en zonas no aptas para el desarrollo urbano como laderas de ríos, suelos inestables, etc., y que, por consiguiente, son más vulnerables ante cualquier evento climatológico.

Los estudiosos apuntan a que las acciones individuales que se llevan a cabo para subsanar los efectos ya producidos por el cambio climático, aun cuando son fundamentales y deben continuar haciéndose, son insuficientes para resolver el problema que tenemos en frente. Las acciones colectivas y el involucramiento de los diferentes actores de la sociedad son indispensables para hacer frente a esta situación. La modificación del diseño de las ciudades y la forma en que operan, es una ruta fundamental para combatir el cambio climático, siendo necesarias estrategias urbanas y territoriales innovadoras. Se necesita, sin duda alguna, pensar en modelos de ciudades sostenibles, que integren el verde en la “mancha urbana”, que replanteen las estrategias de movilidad no motorizada y la producción de energías renovables, lo cual se dice fácil pero es una labor de muchos años, además de requerir inversiones importantes y lo más díficil: romper paradigmas y cambiar la mentalidad y replantear el como ciudadanos llevamos nuestro día a día. Dejar atrás los combustibles fósiles y el carbón para reducir las emisiones de CO2 en la atmósfera es fundamental. La electricidad debería, idealmente, producirse de fuentes renovables, y esto aunado a nuevos modelos de ciudad que introduzcan más árboles en los espacios públicos y que propicien microclimas agradables y favorables para las personas que habitan la urbe.

En lo concerniente a la movilidad, es fundamental generar trabajar en una planeación y puesta en marcha de sistemas de transporte público colectivo eficientes que logren vincular centro y periferia de las ciudades de la mano de otros medios como las bicicletas. El diseño y la planeación de espacios peatonales, la educación vial y el fomento del uso de la bicicleta o la caminata para transportarse de una zona de la ciudad además abonan a una vida más saludable.

Para llevar a cabo estas acciones, es indispensable el trabajo conjunto entre diversas instancias e instituciones a nivel gubernamental y no-gubernamental; así como la participación de los ciudadanos y profesionales en la materia. Por su parte, la falta de capacidad de gestión, de implementación de buenas políticas y planes de acción, así como la carencia de recursos económicos y de conocimiento hacen que afrontar el problema del cambio climático en las ciudades sea un tema complicado y por consiguiente prioritario en las agendas locales e internacionales. Planificar, capacitar y gestionar para transitar hacia la generación de ciudades eficientes y sostenibles permitirá generar una mejor calidad de vida para la población actual y futura.