Urban Landscape Constructions

ARQUITECTURA VIVA: MUROS Y TECHOS VERDES

Por: Consejo Editorial de ULC

¿A quién no le gusta sentirse en contacto con la naturaleza, verse rodeado de verdor y respirar los aromas agradables de las plantas? Seguramente a la gran mayoría de nosotros, pero ¿qué pasa cuando día a día nos vemos inmersos en un mar gris de concreto, rodeados de humos contaminantes, ruido y caos? Porque esa es la realidad para un 72% de la población en México con base en datos arrojados por el censo del año 2010 realizado por el INEGI.

Quizá debido al rechazo de esta visión de ciudad gris o tal vez por una toma de conciencia respecto al grave daño que le estamos haciendo al hábitat que nos da cobijo, en años recientes se ha hecho extensivo el uso de algunos recursos en la arquitectura y el paisajismo, que si bien no son nuevos, sí se han retomado y reinterpretado con el objeto de generar espacios urbanos más atractivos, armónicos, pero sobre todo, que nos acercan de manera más respetuosa a la naturaleza que habíamos tenido olvidada y que como veremos, proporcionan una gran cantidad de ventajas sobre las desventajas que pudieran tener.

Nos referimos a la denominada por algunos como “arquitectura viva”, que fundamentalmente se refiere a dos elementos, los muros verdes, también conocidos como jardines verticales y a los techos verdes o “roof garden”.

Estos recursos de diseño tienen sus orígenes más remotos en la prehistoria, quizá siendo el más antiguo documentado el de los Jardines Colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo y que fue construido alrededor del año 600 a.C.

En la arquitectura vernácula de los países nórdicos existen numerosos ejemplos de techos verdes, que se usaron en zonas rurales hasta finales del siglo XIX, pues era un recurso ideal para conservar la temperatura interior de los espacios habitables.
En lo que se refiere a los muros verdes, éstos tienen un origen más reciente. Su creador es el botanista francés Patrik Blanc, quien ideó esta innovadora técnica alrededor de los años 70 y la ha ido perfeccionando con ya más de 300 jardines verticales instalados alrededor del mundo.

La popularidad de los jardines verticales y los roof garden ha ido en aumento, y no es de sorprender porque con una población urbana cada vez más grande y casas cada vez más pequeñas, el espacio para la naturaleza se ha reducido considerablemente.

Los detractores de estos planteamientos aducen al elevado costo de instalación y mantenimiento, así como el costo adicional para reforzar estructuralmente los elementos de soporte. A pesar de ello, las ventajas que presentan se han ido reconociendo como un remedio eficaz en la cura de las enfermedades que acompañan a la urbanización, como por ejemplo, su contribución en la reducción de la temperatura ambiente debido al efecto conocido como “islas de calor”, que no es otra cosa sino el aumento de temperatura en las ciudades, adicional al calentamiento global, debido al alto porcentaje de superficie pavimentada.

Otro de sus beneficios es el ya mencionado efecto térmico en los espacios interiores, puesto que ayudan en la conservación de la temperatura interior reduciendo así el consumo energético de espacios climatizados artificialmente, además de funcionar también como barrera contra la contaminación auditiva, particularmente en zonas donde el ruido exterior puede llegar a altos decibeles, algo bastante frecuente en ciudades densamente pobladas.
También es importante mencionar su aportación a la reducción de gases contaminantes por efecto de la fotosíntesis y a la captación de mayor volumen de agua de lluvia sobre los techos y muros con lo que se reduce el volumen de agua de lluvia captado por los sistemas de drenaje municipal y con ello la disminución de los costos de la infraestructura necesaria para canalizar el agua y el reciclaje de la misma.

Los techos y muros verdes contribuyen a la generación de hábitats y con ello se incrementa también la biodiversidad, lo cual enriquece en gran medida el ambiente urbano no sólo a nivel ecológico sino también psicológico puesto se ha demostrado que el color verde impacta de manera positiva en el estado de ánimo de las personas y en el grado de felicidad que éstas experimentan. El contacto con la naturaleza inyecta vitalidad al ser humano, con lo que no sólo se cuenta con más energía para funcionar, sino que también se es más resistente a las enfermedades físicas.
Ya son muchas las ciudades que consideran como parte de sus reglamentos de construcción un porcentaje obligatorio de techos verdes, como lo son Vancouver, Toronto, Chicago, Stuttgart, Singapur y Tokio. En la ciudad de México, ya existe una reglamentación al respecto que otorga un 10% de descuento en el impuesto predial como incentivo para la “naturación de azoteas” nombre que se le ha dado a este sistema. El ejemplo más notorio por su extensión en América Latina son los 5,000m² de azotea verde en el edificio del INFONAVIT en la Cd. de México, donde se cultivan hortalizas, plantas aromáticas y especies en peligro de extinción y de importancia cultural.

La implementación de muros y azoteas verdes requiere de conocimiento técnico y experiencia en la selección de las especies que se habrán de incorporar con el objeto de que su vida sea prolongada y su costo de mantenimiento reducido. A pesar de la complejidad técnica y el costo adicional que suponen, estos recursos se perfilan como una opción que aporta de manera significativa a la generación de ciudades más sostenibles.